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miércoles, 3 de junio de 2015

Una Asistente de Alto Riesgo Parte VII

CAPÍTULO 12

Me resultaba increíble que ya fueran mediados de septiembre. Hoy era nuestro último día en la isla y Gwen y yo decidimos hacer una última escapada a una pequeña cala desconocida por los turistas del hotel. Estaba tirada en la toalla viendo como Gwen se bañaba desnuda en el mar cristalino. Me reí el recordar su comentario al respecto “Cariño, sé que te gustan mis pechos, pero con la marca del bikini van a parecer dos montañas de nata rodeadas de sirope de fresa. Porque ya te digo yo que me voy a poner como una gamba…”

Muy al contrario de sus predicciones, acabó poniéndose casi tan morena como yo…puede que ayudara el hecho de que yo siempre estuviera disponible para untarle la crema a todas horas…y en todas partes… aun me sorprendo cuando pienso en la cantidad de veces que hacemos el amor. Supongo que se debe sobre todo a que para ella todo es novedad. Me recuerda a mí de adolescente, viendo cualquier rincón del mundo como un lugar posible donde dejarse llevar… Dios, es una maldita fiera…Brooke, has despertado a un monstruo del sexo…

Una Asistente de Alto Riesgo Parte VI

CAPÍTULO 10

Gwen me cubría la cara de besos dulces y tiernos. Aun me encontraba en una nube. Gwen había venido a decirme que me quería… me sentí tan mal por haber sido la causante de su sufrimiento estas últimas semanas que no pude evitar llorar como una niña pequeña. Y ella estaba aquí, colmándome de cariño. Sólo había un pequeño problema…Gwen me estaba besando…estaba encima de mí…y mis queridos pero salvajes pechos ya estaban denotando lo que mis manos cariñosas no querían mostrar. La deseaba. Y mucho. Y ella aquí, encima de mí. Tan inocente…

Una Asistente de Alto Riesgo Parte V

CAPÍTULO 8

Las grandes olas me obligaban a hundirme bajo ellas con la tabla en Duck Diving. Hacía mucho que no surfeaba olas tan grandes, pero siempre era bueno desempolvar un poco los músculos.

Ya llevaba tres semanas en Pulau Liar*(Isla salvaje) y ya empezaba a habituarme a mis nuevos horarios y exigencias. Ahora trabajaba en un hotel de lujo que tenía un amplio abanico de actividades de riesgo. No éramos muchos monitores, así que todos los días tenía un par de aventureros listos y predispuestos para hacer Wakeboard, ciclismo de montaña o parapente.

Llevo desde que llegué levantándome temprano para disfrutar de las olas en soledad. Eso era mejor que permanecer más tiempo tirada en la cama sin poder dormir. Subsistía de pequeñas cabezadas en su jeep entre actividades. Sabía que la falta de sueño no era muy segura para su trabajo, pero no podía evitarlo. Al cerrar los ojos sólo la veía a ella con esa víbora rubia. Al principio sólo eran recuerdos del club, pero al paso de los días su maldita imaginación había llegado a traumatizarla. Veía a Gwen en posiciones demasiado comprometedoras con ella y su última pesadilla favorita era la de Stephanie jugando con una pequeña muñeca de porcelana de pelo negro, la zarandeaba a su gusto para luego romperla en mil pedazos…

Una Asistente de Alto Riesgo Parte IV

CAPÍTULO 7

Llegué a casa cerca de las 21:00. Me lo había pasado genial con Steph. Hablamos sobre ropa y lugares de moda de la ciudad. Era una mujer muy atractiva e inteligente. Era la directora ejecutiva de su propia empresa y tenía grandes ideas sobre la comercialización de productos de belleza más exclusivos para mujeres adineradas. Habíamos quedado para vernos la semana que viene para ir al nuevo spa y ya estaba impaciente.

Mientras subía las escaleras pensé en lo que me dijo Brooke “¡No te das cuenta que esa mujer sólo quiere llevarte a la cama!”… lo cierto es que durante toda la tarde Steph había dejado bastante claro que me deseaba, y a mí eso no me molestaba. A fin de cuentas, eso era lo normal, ¿No?

Una Asistente de Alto Riesgo Parte III

CAPÍTULO 5

Me extrañó tanto que Brooke no me levantara el día después de San Valentín que no pude evitar ir a despertarla yo.

Ayer fue un día fantástico. Me lo pasé genial con Brooke y las chicas y cuando se le ocurrió la locura del chupito casi le pego por estúpida…la veía ahogarse de dolor mientras todas las demás sólo miraban y esperaban que fracasara…pero mi Brooke no es así, ella puede con todo.

Entré en la habitación sin llamar. Quería zarandearla como ella lo hacía todas las mañanas conmigo. Así que caminé de puntillas hasta llegar a su cama, pero me quedé de piedra. ¡Está desnuda!

Una Asistente de Alto Riesgo Parte II

CAPÍTULO 3

- ¡A levantar dormilona! – Me gritaron en medio de un maravilloso sueño en el que era la sultana con un gran harén a mi disposición.

- ¡No te vayas Sherezade…! – Dije estirando la mano sin abrir los ojos… así a lo mejor vuelve…

- Sherezade se ha ido a contarle cuentos a los niños del vecino, así que venga, ¡a levantarse! - ¿Quién demonios…? Oh, mi asistente, claro… froté mis ojos con fuerza, gritando por dentro al despegar mi cara de mi maravillosa almohada de plumas… ¿Cómo era el dicho? A quién madruga Dios le ayuda… Pues Dios, ¡tengo mucho dinero y no necesito tu ayuda!

Una Asistente de Alto Riesgo Parte I

CAPÍTULO 1

En la gran mansión de los Ashmore, Gwen y su padre desayunaban tranquilamente en el gran comedor, mientras la joven hablaba y hablaba sobre todo lo que había hecho el día anterior y el padre asentía sin prestar demasiada atención, hasta que…

- Oye papá he estado pensando…y creo que soy lesbiana.

Su padre, que leía el periódico y bebía su café colombiano, lo escupió y manchó las estadísticas de paro del país del último trimestre.

- ¿Cómo? – Más que enfadado parecía confuso.

La Joven Cajera Parte IV

Los primeros meses de nuestra relación fueron duros…pero no por lo que muchos puedan pensar. Nos costaba los mil demonios no hacer el amor en el bufete. Don nos advirtió de que por mucho que estuviera al tanto de la relación y la aprobara, no podía hacer nada si de repente alguien se quejaba de alguna escenita de porno lésbico en la oficina. Sin embargo, el deseo a veces ganaba, y por las noches, o algunas vez temprano en la mañana, Mackenzie y yo acabábamos enredadas en el baño, la oficina o incluso en la gran mesa de la sala de conferencias. Averiguamos como venirnos en silencio en la biblioteca y la sala de estudio…o también en los calabozos del juzgado cuando no había nadie… nos arriesgábamos a que nos metieran en la cárcel, pero nos resultaba imposible resistirnos la uno a la otra…

Compramos toda clase de juguetes nuevos y originales y los probamos en todas partes, incluido mi nuevo Beetle Cabrio rojo, que usamos más de una vez para escaparnos de fin de semana a la playa o a la montaña a hacer “Turismo rural”.

La Joven Cajera Parte III

Llegamos a su piso y, tras prestarme un pijama y darme un cepillo de dientes nuevo, nos metimos en la cama y nos quedamos dormidas una en brazos de la otra.
                   
Todo el fin de semana nos lo pasamos en la cama. Y no como ustedes pensáis. Creamos un fuerte lleno de almohadas, papeles y expedientes y equipadas con pantalones cortos deportivos y cómodas camisetas de tirantes, mucha cola light y pizza de atún, nos enfrascamos en las notas y encontramos al fin una fisura. El domingo por la tarde nos enfrascamos en llamadas para conseguir nuevos testigos y finalmente dimos con un total de cinco examantes del marido dispuestas a declarar, claramente despechadas o engañadas por el mismo. Al parecer no sólo tenía relaciones esporádicas, sino que mantenía a varias amantes al mismo tiempo y gastaba en ellas parte del poco dinero que tenía la mujer de herencia paterna en vez de gastarlo en su hijo, como exhibía la cláusula del suegro. También averiguamos que el marido cobraba la subvención estatal por desempleo mientras trabajaba en una empresa de la construcción como capataz habiendo mentido en su número de la seguridad social y usando la de su mujer. Lo teníamos.

La Joven Cajera Parte II

Por fin llegó el fin de semana del concierto. Esta vez me había propuesto dejar que todo fluyera de manera natural, no forzarlo… ¿Y si resulta que todo estaba en su cabeza? Era la hija de uno de los fundadores de la empresa y aún no sabía qué clase de discriminación laboral se podría encontrar si salía así del armario. El viernes antes de marcharme conseguí pillar a Don antes de que éste saliera del trabajo y le expuse mi participación en la organización de manera voluntaria, mis futuras donaciones a las diferentes organizaciones y, por supuesto, le expliqué mi orientación sexual, y que si esta desagradaba a la empresa, se marcharía de inmediato…no porque la empresa la echara, sino porque no sería capaz de trabajar para una empresa con esa clase de discriminación sexual. Cuando acabe mi discurso Don se echó a reír y casi le pego por la impertinencia. El pareció notar mi disgusto y me dijo “Ay, Evelyn, si tú supieras. Me alegro que estés haciendo todo lo que haces, deberías haberme informado antes, pero si sólo llevas tres semanas no pasa nada, puedes seguir haciéndolo, es muy buena publicidad para la empresa y así haces buenas migas con los jueces para futuros casos. Y por lo que corresponde a tu orientación sexual no nos molesta en absoluto. ¡Por Dios, sí soy Gay!” ante sus palabras abrí los ojos como platos “Es increíble que no lo supieras, aquí todo el mundo lo sabe, deberías levantar la cabeza de las sentencias de vez en cuando. ¡Llevo casado con Paul ya hará 15 años! Nos casamos en Ámsterdam cuando se legalizó el matrimonio homosexual y llevamos más de 32 años juntos. Por no hablar de que volvimos a hacer la ceremonia cuando se legalizó hace cuatro aquí” después de esa conversación, el viejo Don y yo nos volvimos mucho más cercanos, salimos juntos a tomarnos una copa y me hablo de su marido Paul y de sus dos hijas, Tamara y July. Tamara era de nacionalidad nigeriana y July era filipina. De 14 y 12 años respectivamente. Don decía que las pobres deben estar aburridas de tener unos padres tan viejos, pero todos se quieren con locura. Me invito a su casa en las afueras para una barbacoa en dos semanas, para el cumpleaños de July.

La Joven Cajera Parte I

Hoy era un lunes más a las 8 de la mañana. Ayudé a John a subir la persiana del pequeño supermercado en el que trabajaba por las mañanas para poder pagar mi estancia en la ciudad mientras terminaba la carrera. Ya estaba en mi último año y sólo me quedaban un par de meses para hacer los exámenes finales y presentar mi proyecto de fin de carrera.

Llevaba trabajando aquí desde hace poco más de un año y desde hace poco más de un año estoy perdidamente enamorada de una preciosa mujer de la que no sé ni su nombre.

Cuando sólo llevaba una semana y mi supervisor me dejó sola en las cajas registradoras, una apurada mujer saltó casi por encima de una ancianita y puso sobre la cinta una cola light y un sándwich de atún. La pasé lo más rápido que pude por el escáner y dije, sin levantar la vista “2 con 75, por favor” la joven mujer se puso a revolver en su bolso para darme lo justo en monedas, y mientras tanto, la observé.

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